Es un grave problema que comienza a crecer por los cambios en la vida cotidiana que impuso la cuarentena

La pandemia, la rígida cuarentena de casi dos meses, la “lejanía de los afectos”, la pérdida del trabajo, la incertidumbre sobre el futuro y la amenaza global de la libertad individual. La vida de los italianos ha sido completamente dada vuelta y era inevitable que afectara su equilibrio psicológico. Le llaman el “mal de la pandemia”.

Un 63% de los 60 millones de italianos se reconoce estresado “mucho o bastante”, por una mezcla de depresión, insomnio, ansia, pánico, dolores de cabeza y de estómago. El 43% de los consultados por el Instituto Piepoli admite que para ellos la precariedad es la regla. Viven un nivel máximo de estrés.

El suicidio en la noche de este miércoles del empresario napolitano Antonio Nogara, que se ahorcó derrumbado por una fuerte depresión y la quiebra de su empresa, impactó en Italia, aumentando el temor a una creciente fragilidad psicológica en la población sometida a la pandemia, el encierro de la cuarentena y el temor de un futuro con más coronavirus y pérdidas económicas devastadoras.

El ministerio de Sanidad y la Protección Civil comparte la seriedad de tanta alarma y han montado un número verde asistido por psicólogos y afines que funciona todo el día.

Las realidades que se viven son muy diferentes. Caritas informó que se han duplicado 114% los pedidos de ayuda. También los municipios de Roma y Milán instituyeron un servicio de emergencia psicológica. Los pobres, que se multiplican, sufren más que los otros la incertidumbre del futuro porque viven además un presente pleno de precariedad.

La psicóloga Alessandra Lancellotti explicó a la agencia AdnKronos que “falta una idea de futuro y nosotros, que estábamos habituados a proyectar esa idea de lo que vendrá, nos vemos imprevistamente bloqueados”. Añadió que “la sociedad líquida se ha petrificado”. No se mira hacia adelante. “Las personas no saben qué hacer de sí mismas”.

La oleada de disturbios psíquicos afectan, en primer lugar, a quienes ya sufren enfermedades mentales. En dos centros comunitarios en Roma hubo tres intentos de suicidios, varias fugas y algunos pacientes que no resistieron la angustia debieron ser internados en hospitales. El psiquiátra Santo Rullo explicó que es difícil hacer aceptar a los enfermos que lo que hasta hace poco se les daba como un ejemplo -estar juntos, cercanos, moverse hacia el exterior- ahora no vale más. “Con los más jóvenes es difícil, en ellos bulle su impulsividad, que ha aumentado”, contó a Giuseppe Rizzo de “Internazionale”.

Rizzo escribe que “en un mundo que se ha detenido el ruido que cubría cada cosa ha disminuido y emergió con más claridad el rechinar de los mecanismos rotos o bloqueados”. La pandemia “ha hecho más evidentes las debilidades también en el campo de la salud mental”.

La psicóloga Lancellotti recuerda que “un sistema sanitario ya en dificultades” afronta la situación en un país “donde el disturbio psíquico no es aún reconocido socialmente”. El área de los enfermos psiquiátricos comprende a más de 850 mil personas. La Fundación Stella Maris de Pisa estudia el impacto que la emergencia tiene en los niños y adolescentes con probleamas neuropsiquiátricos.

En 30 países la Academia Europea sobre la Infancia con problemas investiga para intentar comprender el impacto a breve y largo plazo de las cuarentenas sobre los niños y sus familias a raíz de la pandemia del corona virus.

El estudio abarca las condiciones de salud física y mental de las familias, su estado financiero, las condiciones generales de vida y posibilidad de acceso a los tratamientos y servicios, tipos de cura y calidad de esos tratamientos.

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